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Este Proyecto reúne el trabajo realizado por los chicos de tercer grado durante el mes de marzo de 2009. Integrando áreas pudimos recorrer el período de diagnóstico en base a un cuento popular. En el área de Valores pensamos en la importancia de "escuchar con atención", un tema que para Epaminondas era todo un problema... ¿Nos acompañan?
¡Bienvenidos!

viernes, 10 de abril de 2009

El Proyecto, paso a paso.

Comenzamos trabajando con el texto, leyendo y oyendo otras versiones.

Luego, en grupos, decidimos quién leería cada parte. Se formaron los grupos de NARRADORES y PERSONAJES. Otros se anotaron para la dramatización... pero todos, todos necesitaban preparar muy bien la lectura.
Se resaltaron los diálogos y en el patio, por grupos, ensayaron las voces.


En Informática: creamos carpetas para estos nuevos archivos y usamos el Paint para dibujar las secuencias del cuento.




Finalmente, el Profesor Marcelo llegó con su micrófono profesional y armamos en el aula un estudio de grabación, como una radio. Entonces se probaron las voces, practicamos, ... Marquitos nos hizo reir con sus mímicas... y todos aplaudimos al terminar.

La seño Patricia filmaba y dirigía la "orquesta de voces".
Al final recortó distintos momentos y los juntó editando estos videítos...

El primero contiene lectura, imágenes del cuento, un poquito de dramatización y el final narrado por la seño.

En este video escuchamos el texto completo en uno de los ensayos.


martes, 7 de abril de 2009

El cuento: Epaminondas y su madrina.

Dale clic al audio para leer el cuento completo.
Espera un ratito hasta que cargue. Gracias!




Érase una vez una buena mujer que sólo tenía un hijo llamado Epaminondas. (Como un general griego) . Epaminondas tenía una madrina que lo quería mucho y siempre le regalaba algo cuando la visitaba. Un buen día, la madrina le regaló un bizcocho.

-No lo pierdas, Epaminondas, no lo pierdas. Llévatelo a casa muy apretado.-le dijo.-
-No te aflijas, madrina, no lo voy a perder
- contestó Epaminondas.
Pero apretó la mano con tanta, tanta fuerza que cuando llegó a su casa ya no quedaban más que unas pocas miguitas.

-¿Qué traes ahí, Epaminondas?
-Un bizcocho, mamá.
-¡Un bizcocho! ¡Dios mío! ¿Dónde tienes la cabeza? ¿Qué forma es esa de llevar un bizcocho? Para llevar un bizcocho se lo envuelve en un papel u después se mete dentro del sombrero. ¿Entendiste?
-Si, mamá -
contestó Epaminondas.

A los pocos días, fue otra vez a casa de su madrina y ésta le regaló un hermoso pedazo de manteca. Epaminondas la tomó, la envolvió en un papel de seda, y la metió en su sombrero; luego se puso el sombrero en la cabeza y se dirigió hacia su casa. Era verano y el sol abrasaba.
La manteca empezó a derretirse dentro del sombrero y cuando Epaminondas llegó a su casa la manteca no estaba "dentro" de l sombrero sino "repartida" sobre Epaminondas. Estaba todo untado de manteca.
La madre, al verlo, se llevó las manos a la cabeza.

-¡Epaminondas! ¿Qué traes ahí?
-¡Manteca, mamá!.
- ¿Manteca? ¡Dios mío! ¡Epaminondas, ¿dónde tienes la cabeza?! A la manteca hay que envolverla en hojas frescas y , a lo largo del camino, tienes que mojarlas una y otra vez en el agua de los arroyos hasta llegar a casa. ¿Entendiste?
-Sí, mamá- contestó Epaminondas.


A la vez siguiente, cuando Epaminondas fue visitar a su madrina, ésta le regaló un perrito muy lindo.
Epaminondas, ni corto ni perezoso, lo envolvió en unas grandes y frescas hojas y por el
camino lo fue mojando en todos los arroyos hasta llegar a casa, y, cuando llegó, el pobre perrito estaba casi muerto y tiritando.


-¡Dios mío! ¡Epaminondas, hijo mío! ¿Qué traes ahí?
-Un perrito mamá.
-¿Un perrito? ¿Dónde tienes la cabeza? ¡Ay Epaminondas! Un perrito se lleva atado con una soga. ¡Has comprendido?
-Sí, mamá.

Al otro día Epaminondas fue a lo de su madrina y ella le regaló un pan recién horneado. Epaminondas lo ató cuidadosamente y lo arrastró por todo el camino hasta que llegó a su casa.

Al verlo, su mamá exclamó:
- ¡Ay, hijo mío! ¡Esa no es forma de traer un pan ! No tienes un poquito así de inteligencia, ni nunca la tuviste ni nunca la tendrás. Ni volverás a la casa de tu madrina ni te voy a explicar ya mas. Desde ahora, voy yo a todas partes.

A la mañana siguiente, la madre se dispuso a ir a casa de la madrina, y le dijo a Epaminondas.

-Voy a decirte una cosa, hijo mío. Has visto que acabo de cocinar en el horno seis pasteles y que los he puesto en una tabla delante de la puerta para que se enfríen. Ten cuidado de que no se los coma el perro ni el gato los lama. Y si tienes que salir, trata de pasar por encima de ellos con mucho cuidado. ¿Has comprendido?

-Sí, mamá.

La mamá se puso su sombrero, tomó su cartera, y se fue a la casa de la madrina. Los seis pasteles, todos en hilera se estaban enfriando delante de la puerta, y, cuando Epaminondas trató de salir, miró bien cómo pasar encima de ellos.

-Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis - fue diciendo al mismo tiempo que ponía los pies exactamente en el centro de cada paste haciéndolos una pasta.

¿Y saben lo que ocurrió cuando llegó su mamá? Pues que ni ella ni Epaminondas pudieron probar los pasteles y que Epaminondas, al día siguiente... , no se pudo sentar.

Autor anónimo- Cuento popular norteamericano.

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